SOBRE MÍ

 

Probablemente mi historia ya la hayas escuchado antes, ya que a lo largo de este recorrido he podido ver cómo algunas de las cosas que me pasaron a mí también le pasan a muchas mujeres.

 Creo que muchas personas sufren innecesariamente por cosas que son totalmente evitables a través de un estilo de vida que potencie su salud física, mental y emocional.

Esa es justamente la razón de por qué estoy aquí hoy…

 

 

Mi misión es ayudar a mujeres increíbles como tÚ a empoderarse de su salud y bienestaR. a recuperar el equilibrio que necesitan en sus vidas, a nutrir realmente sus cuerpos y dejar atrás el estilo de vida que no les está permitiendo tener exactamente la vida que quieren.

 

 

MI HISTORIA

 

Andar por la vida a mil kilómetros por hora, comiendo basura (light por supuesto) e hinchada siempre como un zeppeling…

Con un cocktail de remedios para el dolor de cabeza en mi cartera y durmiendo 5 horas porque la cartelera de Netflix era irresistible…

Y para rematar, una vocecita interna que me decía constantemente que no era lo suficientemente inteligente, linda, flaca o capaz….

Si te suena familiar, entonces te entiendo perfectamente, porque esa era yo.

Soy chilena, tengo 35 años, tres hijos maravillosos y el mejor compañero de ruta: mi marido Francisco. Ellos son mi motor y mi mayor motivación, por lo que agradezco cada segundo de mi vida por poder ser parte de las suyas.

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Mi amor por la salud viene desde muy chica. Esto me llevó a convertirme en odontóloga y ortodoncista. Ejercí esta linda profesión por más de 9 años y fue ahí donde pude empezar a experimentar la gratificante sensación de entregar salud.

Sin embargo, pese a que era una profesional de la salud, yo no estaba sana…

Terminaba bastante seguido en la sala de emergencias, porque no había remedio que hiciera frente a mis fuertes dolores de cabeza y  junto con esto empecé a tener unos extraños dolores articulares a los que no di mayor importancia. Para qué decir la forma en que me estaba alimentando. No solo NO me estaba nutriendo, sino que empeoraba cada vez más mis problemas digestivos y por ende mi salud en general.

Además, la desagradable vocecita en mi cabeza hacía que el auto sabotaje fuera uno de mis constantes pasa tiempos: perfeccionismo, negatividad, necesidad de aprobación y comparación con otras personas. ¿El resultado? Stress y todas las cartas que éste trae bajo la manga: cambios de ánimo, angustia y ansiedad.

Viví medicada por más de 10 años para tratar de hacerle frente a eso, pero nunca nada logró realmente sacarme de ese estado. La razón era bastante clara: ninguna pastilla milagrosa podía sobreponerse a un estilo de vida que no me favorecía. Un cuerpo mal alimentado nunca me iba a dar la energía que necesitaba, menos aún la actitud y mentalidad con que estaba enfrentando mi vida.

 

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Como no soy de las que se quedan esperando que las cosas pasen, estuve siempre buscando una solución…

aunque ALGUNAS FUNCIONARON y logré dejar los antidepresivos, aÚn faltaba…

 

 

  Cuando acepté el desafío de dejar Chile y venirme a vivir a Estados Unidos, pese a estar viviendo una de las mejores experiencias de mi vida, toque fondo…

Los dolores articulares se volvieron más fuertes y frecuentes. Estos empezaron a afectar la movilidad de gran parte de mis articulaciones, hasta que un día no pude sacar a mi hijo menor de su cuna. Me sentí frustrada y angustiada, porque estaba en un cuerpo que no me respondía.

 Tras muchos doctores y cientos de exámenes, nada logró darme una respuesta concreta y el diagnóstico fue “dolor crónico de origen desconocido.” Nuevamente, el único tratamiento eran antidepresivos. ¿Curioso, no?

A cargo de tres niños y con un marido estudiando full time entendí que, o algo cambiaba o la linda aventura llegaba hasta ahí. Sin embargo, esta vez  decidí encontrar una explicación que me hiciera sentido. Quería una solución radical a mis problemas, porque estaba cansada de vivir a medias. Me propuse vivir al 100%,  por lo que activamente comencé a buscar respuestas.

 Leí cuanto libro tuve a mi alcance sobre nutrición, medicina natural y terapias alternativas y empecé poniendo mi alimentación como una prioridad no negociable en mi vida. Después de eso, entré en una especie de rueda donde una cosa llevó a la otra y empecé a visualizar más claramente de qué se trataba la salud holística.

Con la gran diversidad de información que hay sobre estos temas, fue muy fácil que varias veces cometiera errores y me desmotivara.

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:: Sentí que era el momento de tomar la responsabilidad de mi propia salud.

:: Entendí que eran mis propios hábitos los que me estaban haciendo daño.

:: Descubrí que esa voz que me hablaba no era mi “yo real” y que aprender a domarla, lo antes posible, era una pieza clave para mi salud y felicidad.

:: Me di cuenta de que no me estaba queriendo lo suficiente, pero que debía aprenderlo y rápido. Necesitaba empezar a aceptar con amor y gratitud cada centímetro de mí.

:: Debía devolverle a mi cuerpo y mente ese estado de equilibrio que me permitirían ser MI MEJOR VERSIÓN.

 

Lograr entender lo que me estaba pasando hizo que las soluciones fueran mucho más sencillas de lo que yo imaginaba.

  • Empezar a nutrirme según mis necesidades únicas.

  • Ejercitarme a favor de mi cuerpo y no contra él.

  • Encontrar mecanismos simples que me ayudaran a reducir el stress.

  • Empezar a domar esa desagradable “vocecita” en mi cabeza.

  • Y hacer, de una vez y para siempre, las paces conmigo misma.

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 Por primera vez en mucho tiempo, empecé a experimentar energía durante todo el día, entusiasmo por las cosas sencillas y una profunda sensación de bienestar. Junto a eso, mis dolores de cabeza empezaron a distanciarse y los dolores articulares empezaron a disminuir hasta desaparecer, sin volver hasta el día de hoy.

Y fue así como la salud holística llegó a mí de la mano de mi propia experiencia.

Poco tiempo después, decidí ingresar al Institute of Integrative Nutrition, la escuela de nutrición más grande del mundo, para certificarme como Holistic Health Coach.

Y desde ese momento nunca más paré. Hoy sigo perfeccionando mi práctica y estoy a meses de obtener mi certificación como Integrative Health Practitioner (IHP).

Esta experiencia me ha permitido encontrar respuestas concretas a las preguntas que tanto tiempo tuve sobre mi salud y bienestar. Las causas reales que sacaban mi cuerpo y mente del equilibrio dejaron de ser un misterio difícil de resolver y se convirtieron en mis aliadas para actuar y recuperar mi salud.

“Hoy sé que los síntomas no son más que llamados de alerta y señales que nos manda nuestro cuerpo para que le prestemos atención y le demos lo que necesita.“

Si los tapamos con un dedo para que nos dejen de molestar, no solo no estaremos solucionando la causa real del problema, sino que podemos permitir que avancen silenciosamente hasta desencadenar algo más serio.

Estoy agradecida por haber tenido esos llamados de alerta. Celebro haber podido, de una vez por todas, ponerme en primer lugar, escuchar a mi cuerpo y actuar a tiempo.

Y bueno, esa soy yo. Una mujer normal, con los mismos problemas que cientos de otras mujeres tienen, los que para mi felizmente tuvieron respuestas.

Todo lo que me pasó me permitió empezar a vivir más sana y feliz que nunca.

Aquí es donde estoy yo ahora y me encantaría que tú también estés aquí…

Con cariño,

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